Entrevista a Vanina Ferreccio

Espacio corporal como sede de la violencia institucional

Entrevista a Vanina Ferreccio Las consecuencias y efectos en familiares de detenidos
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Espacio corporal como sede de la violencia institucional
Vanina Ferreccio
En la Facultad de Trabajo Social, se presentó el libro La larga sombre de la Prisión. Una etnografía de los efectos extendidos del encarcelamiento, de Vanina Ferreccio*. La actividad fue organizada por el Proyecto de Prácticas Integrales “Cárcel, Universidad y Sociedad” y la cátedra Derecho y Trabajo Social de esa unidad académica. UNER NOTICIAS dialogó con la profesional, para conocer más en profundidad el trabajo de campo realizado con familiares de detenidos provenientes de dos prisiones santafesinas.

-Un relevamiento, -como decías-, muy poco explorado con familiares de detenidos y sus experiencias en las visitas…
Precisamente, en la investigación se exploran huellas que la prisión imprime en aquellos que viven la experiencia de la detención de un modo indirecto. Se analiza la experiencia de estos familiares como un proceso de prisionización secundaria. Por lo tanto, se concentra el interés en dos aspectos centrales; la identificación de las prácticas relacionadas con el ingreso -principalmente la requisa corporal- y permanencia de los familiares en los momentos de visita como condicionadas por y reproductoras de la violencia que la institución despliega sobre las personas detenidas; y los intentos de neutralización por parte de los familiares del costo social -en términos de degradación, humillación y estigmatización- que dichas prácticas representan.

-¿En esas requisas corporales se evidencian actitudes denigrantes y violentas?
Es una problemática peculiar y a la vez constitutiva de lo que entiendo por violencia institucional, respecto de personas que interactúan en calidad de familiares con el sistema penal. El sometimiento de las mismas a la práctica de la requisa corporal, como requisito para la visita de familiares detenidos en las instituciones penitenciarias santafesinas. En algunas ocasiones este aspecto ha sido considerado desde una perspectiva jurídica, en particular cuando se han tratado de individualizar situaciones que pudieran plantearse ante los organismos internacionales de protección de los derechos humanos a fin de obtener la revisión y anulación de esta práctica, considerándola como vejatoria y contraria a los convenios suscritos por Argentina.

-Es como que se terminan “naturalizando” esas prácticas…
En esta investigación surgen tres puntos críticos de las entrevistas en profundidad e historias de vida de las personas que participaron en la investigación. En primer lugar, la naturalización/interiorización de esta práctica que en algunos casos resulta asumida como el costo del mantenimiento del vínculo con el detenido, y en otros, en cambio, como una comprobación de la invisibilidad -o absoluta indiferencia institucional- en la que se encuentran los familiares de las personas detenidas y de las dificultades para encontrar un referente ante el cual exponer su malestar.
En segundo lugar, la participación excluyente de esta práctica en la construcción sistemática y metódica del espacio corporal como un espacio de sospecha, en particular el espacio del cuerpo femenino como ámbito que alberga el peligro -incluso solo como posibilidad, dado que no se registran situaciones de descontrol o conflicto al interior de las prisiones que puedan relacionarse de manera directa con el ingreso de elementos prohibidos por parte de los familiares.
En tercer lugar, la violencia institucional que se pone de manifiesto mediante una disimulada obstrucción al contacto y al mantenimiento del vínculo familiar que dicha práctica representa, en especial, para las hijas de las personas detenidas. Obstrucción relativamente oculta y enmarcada en una proclamada apertura de la prisión a la visita familiar.

Nota: De hecho, la requisa corporal de los visitantes es un instrumento más del mecanismo securitario pero se configura, en este interior-exterior de la prisión que la visita representa, como una práctica de la tortura. Recuperando el discurso de los familiares de las personas detenidas, se manifiesta cómo el carácter total de la institución los alcanza de un modo tiránico y violento.

-¿Que son las carpas dentro de las prisiones?
Los patios de los pabellones de estas prisiones presentan una geografía especial. Las carpas, hace referencia al toldo o tienda de campaña que los detenidos instalan de manera sumamente precaria en los patios de los pabellones. Carecen de la estructura de sostén característica de una carpa convencional y, para armarlas, utilizan las frazadas que los propios familiares les proveen. Los detenidos con sus propias mantas y sábanas arman, cada fin de semana, sus carpas en los patios de los pabellones donde la visita íntima no se encuentra autorizada o cuando la pareja, por diversos motivos, no ha realizado el trámite judicial para obtener la autorización. Pero éstas también son utilizadas para el alojamiento de otros familiares cuando la permanencia en la celda no se encuentra permitida.

En tu trabajo se enfatiza la poca interacción entre las personas durante las visitas…
Sí, la interacción es limitada tanto en su forma como en su fondo. Lo primero, porque los familiares entablan diálogos solo con las personas que ya conocen, preferiblemente pertenecientes a grupos etarios diferentes, es decir que se evita socializar con personas de la misma edad. Lo segundo, porque se trata únicamente del intercambio de saludos o comentarios absolutamente superficiales. En sintonía con esta primera regla, en todas las entrevistas aparece la prohibición de mirar; una vez dentro de la cárcel no hay que mirar a nadie, es decir, recorrer todo el camino desde la entrada del penal hasta el lugar donde se encuentra el detenido sin intercambiar miradas, palabras o gestos con otros detenidos o con otros familiares que ingresan.
La segunda de estas reglas, que descarga todo su contenido despótico sobre las personas de los familiares, se construye en la interacción con el personal penitenciario pero responde, como la primera, al temor como principio rector; las mujeres no deben protestar por el maltrato en la requisa y de este modo tienden a evitar las posibles represalias del personal con los detenidos.

Con respecto a la práctica de la requisa
Alrededor de esta práctica parece haberse construido una suerte de silencio que, como no pretende ocultar, linda con la indiferencia institucional desentendiéndose de los diversos planteos que imputan a Argentina la realización de esta práctica por considerarla vejatoria y contraria a la dignidad humana. Cíclicamente, los detenidos suelen plantear los "excesos" o los "abusos" del personal con respecto a sus familiares y cómo esto constituye una infracción a los códigos de respeto básicos en la institución carcelaria. Sin embargo, se trata siempre -al menos en los casos que he relevado desde el año 2008- de referencias puntuales que no cuestionan la práctica en si misma sino cómo ésta resulta actuada por el personal de turno en una jornada específica.

-Una definición interesante: “Espacio corporal como sede de la violencia institucional…”
Ciertamente, el funcionamiento cotidiano de la prisión en Argentina ha establecido un nexo de causalidad entre el ingreso de los familiares y la circulación de elementos que comprometen la seguridad de la institución, es decir estupefacientes y armas. Por lo tanto, la preservación de la tranquilidad al interior de las cárceles, así como el bloqueo de transacciones clandestinas o irregulares que pueden derivar en conflictos interpersonales, exige, en los términos legales - que traducen la voluntad política- la requisa de los familiares como posibles portadores de estos elementos… Pese a ese nexo supuesto, la causalidad no es tal y en realidad, la requisa se configura como un mecanismo de disciplinamiento de la población de familiares, en lugar de estar sólo destinada al control del ingreso de objetos prohibidos.

Importante: En el Informe 38/96, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se expidió acerca de la acusación formulada por las esposas de un detenido y su hija, de tan solo 13 años, sometidas a inspecciones vaginales en una cárcel del Servicio Penitenciario Federal. En dicha resolución, la CIDH consideró que el Estado argentino había violado los derechos de la señora y su hija, consagrados en los artículos 5, 11 y 17 de la Convención Americana de Derechos Humanos. Estableció, asimismo, que "las inspecciones vaginales u otro tipo de inspecciones corporales de tipo invasivo deben ser realizadas por personal médico acreditado". De hecho, contrapone como medida alternativa recomendada la requisa a las personas detenidas luego de la visita.

A modos de cierre algunas reflexiones, más allá que tu investigación continúa…
No obstante haber señalado las características negativas e incluso brutales que configuran, de modo excluyente, las visitas de los familiares en las cárceles santafesinas, esto no debería conducir a conclusiones reduccionistas. Es decir, son plausibles y siempre estimulantes las decisiones de los tribunales internacionales en los cuales se insta a la Argentina a adoptar buenas prácticas en materia de registro de visitas, lo que, en gran medida no requeriría más que importar a las prisiones los mecanismos que garantizan la seguridad -en especial frente al tráfico de estupefacientes y armas- en otros espacios públicos en los cuales por cuestiones que no he aquí analizado -en especial la selectividad del sistema penal que recluta su clientela en grupos sociales vulnerables- la clase social que se ve involucrada es otra: me refiero, en particular, a los controles de seguridad en aeropuertos.
Sin embargo, la descripción que presento acerca de los diversos ángulos desde los cuales puede observarse esta práctica que dice responder a necesidades de seguridad de la institución, tiende no tanto a promover su reforma -a través de la introducción de medios tecnológicos adecuados o bien, como sugirió el comité contra la tortura, a través de la requisa del detenido luego de la visita, solución ésta ciertamente discutible dado que no hace más que trasladar el padecimiento y la exposición corporal, incrementando los momentos de sometimiento del detenido- como a reforzar la visibilidad de la estructura tiránica de la institución penal.

Sin embargo el estudio en profundidad de la requisa, los efectos corporales y emocionales que ésta provoca, no sólo en los familiares, sino en los propios detenidos que son conscientes de la contaminación institucional que la visita genera en las relaciones familiares, permite captar aquellos elementos que acercan esta práctica securitaria a un régimen despótico, en particular el elemento del temor como principio ordenador así como la intensa fragilidad de las normas que la regulan y pone de manifiesto, una vez más, en qué medida estas normas forman parte del problema -en el sentido de intensificar la violencia del sistema- en lugar de tender a contrarrestarlo.

Contacto: *Dra. Vanina Ferreccio Abogada y Doctora en Ciencias Sociales por la Universitá degli studi di Padova, Italia. Coordinó el programa de Educación Universitaria en Prisiones de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y el Observatorio en Prisión y en Derechos Humanos de la misma Universidad. Fue Becaria Erasmus Mundus 2010-2013. Actualmente es docente en diversas carreras de grado y posgrado, además de integrante del Programa de Investigación, Delito y Sociedad de la UNL y cuenta con múltiples publicaciones sobre la temática. vferreccio@gmail.com

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