Internacionales - 13.02.2017

El hombre que quiso cambiar el número pi

Hace ahora 120 años, en febrero de 1897, un grupo de políticos de EE UU decidió que pi valía 3,2.
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El 21 de marzo de 2015, el joven indio Rajveer Meena empezó a cantar números: tres, uno, cuatro, uno, cinco, nueve, dos…. No paró durante casi 10 horas, delante de decenas de testigos en la Universidad VIT, en Vellore (India). Enunció de memoria los primeros 70.000 dígitos del número pi, sin equivocarse ni una vez, superando el anterior récord de 67.890 cifras, logrado una década antes por el chino Chao Lu.

Meena, de 25 años, podría haber seguido hasta la eternidad. El número pi es infinito e irracional. No sigue ningún patrón. Presuntamente, cualquier número aparece en los decimales de pi. Por ejemplo, la fecha de hoy, 12/2/2017, aparece por primera vez tras casi 15 millones de decimales. Pi expresa el cociente entre la longitud de la circunferencia y la de su diámetro, así que tiene un valor fijo de 3.14159265358979… Sin embargo, no siempre fue así para todo el mundo. Hace ahora 120 años, en febrero de 1897, un grupo de políticos de EE UU decidió que pi valía 3,2.
La "nueva verdad matemática" de Edward J. Goodwin fue aprobada por 67 votos a cero en la primera votación

El presidente estadounidense Donald Trump sostiene ahora, sin ninguna prueba, barbaridades como que el calentamiento global no existe o que las vacunas provocan autismo, pero el proyecto de ley del estado de Indiana sobre pi fue uno de los primeros intentos de establecer una verdad científica por decreto.
La iniciativa fue impulsada por un excéntrico médico, Edward Johnston Goodwin, que pasaba consulta en el condado de Posey, en el suroeste de Indiana. Un buen día de 1888, Goodwin, un hombre de 60 años alto y con bigote, proclamó que había encontrado un método para cuadrar el círculo. En su modelo, el cociente entre el diámetro y la circunferencia equivalía a cinco cuartos dividido entre cuatro. Echando cuentas, pi era 3,2. Asunto zanjado.

Una década más tarde, Goodwin decidió que su descubrimiento era un regalo para su patria. Se dirigió a Taylor I. Record, un granjero que era representante del condado de Posey en la Asamblea General de Indiana. Le presentó un proyecto de ley con “una nueva verdad matemática” que era “ofrecida como una contribución a la educación que solo podrá ser utilizada por el estado de Indiana de forma gratuita, sin necesidad de pagar ningún tipo de derechos de autor, siempre que sea aceptada y adoptada de forma oficial en la legislatura de 1897”.

El 18 de enero de 1897, Record, que también se dedicaba a la venta de madera, presentó el proyecto en la Asamblea. Goodwin, según relató la prensa local, había patentado su método en EE UU y en siete países europeos, incluida España. Todos tendrían que pagarle por las aplicaciones de su supuesta cuadratura del círculo, excepto el estado de Indiana. El 5 de febrero, una de las dos cámaras de la Asamblea, la de Representantes, aprobó el proyecto por unanimidad, con 67 votos a favor y ninguno en contra. Más de dos milenios antes, un matemático griego había establecido el valor de pi como 3,14, pero un puñado de políticos del Medio Oeste de EE UU decidía que lo de aquel tal Arquímedes era una patraña.

Los detalles de la rocambolesca historia fueron publicados en 1974 en la revista Proceedings de la Academia de Ciencias de Indiana. El investigador, el matemático Arthur Hallerburg, afirmó entonces que los pormenores que había descubierto hacían “más extraña todavía una historia extraña”.

Uno de estos episodios surrealistas fue la visita de Goodwin al Observatorio Astronómico Nacional, en Washington. Allí, el astrónomo Asaph Hall, célebre por haber descubierto las dos lunas de Marte, escuchó que pi ya no era 3,14, sino 3,2, un cambio que afectaría al cálculo de las órbitas de los cuerpos celestes. “Siempre he pensado que la Tierra viajaba demasiado rápido por su órbita”, exclamó Hall, según publicó Journal, un periódico de Indianápolis.

El proyecto de ley sobre la cuadratura del círculo solo necesitaba la aprobación de la otra cámara de la Asamblea, el Senado. “Si vivo 10 años más, ojo con Goodwin. Mi descubrimiento revolucionará las matemáticas. Todos los astrónomos estaban equivocados”, declaró con altivez el propio médico en una entrevista con el diario local Sun, el 6 de febrero.

El 5 de febrero, el matemático Clarence Abiathar Waldo se topó con uno de estos debates, cuando visitaba la asamblea para intentar lograr un aumento del presupuesto para su universidad, la de Purdue. Uno de los representantes proclamaba: “El caso es muy sencillo. Si aprobamos este proyecto de ley que establece un valor de pi nuevo y correcto, el autor ofrece a nuestro estado sin coste alguno el uso de su descubrimiento y su publicación gratuita en los libros de texto de nuestras escuelas, mientras que todos los demás tendrán que pagarle derechos de autor”.

El Senado de Indiana acabó ridiculizando el proyecto de ley de la cuadratura del círculo
El astrónomo William E. Edington describió muchos años después el estupor de Waldo, en un artículo de 1935, también publicado en la revista de la Academia de Ciencias de Indiana. Cuando la Cámara de Representantes aprobó el proyecto de la cuadratura del círculo por 67 a 0, uno de sus miembros ofreció a Waldo presentarle a Goodwin. Waldo, que era jefe del departamento de Matemáticas de la Universidad de Purdue, “declinó cortésmente, afirmando que ya conocía suficientes locos”.

Waldo fue el héroe que consiguió que el número pi siguiera siendo 3.14159265358979… Aquella misma tarde, habló con los senadores para explicarles que la propuesta de ley de Goodwin era una locura. El 13 de febrero, el Indianapolis News publicó el relato de la siguiente sesión: “La propuesta para legalizar una fórmula para cuadrar el círculo se puso sobre la mesa y hubo burlas. Los senadores hicieron retruécanos, la ridiculizaron y se rieron de ella. La diversión duró media hora”. El proyecto se aparcó de forma indefinida.
Goodwin no vivió 10 años más. El 22 de junio de 1902, murió a los 77 años. El diario local New Harmony News publicó un obituario titulado “Fin de un hombre que quería beneficiar al mundo”. El texto suponía que Goodwin, armado con su pi de 3,2, estaría midiendo la superficie de los cielos.

Fuente: elpais.com

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