Internacionales - 02.05.2017

El problema de la basura espacial

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Desde que en 1957 la Unión Soviética pusiera en órbita el Sputnik, más de 4.900 lanzamientos han puesto en el espacio unos 18.000 objetos. Sólo 1.100 de entre ellos son satélites y naves actualmente operativos, el resto es lo que se denomina basura espacial, piezas sueltas o inservibles. Además, se estima que 700.000 fragmentos de más 1 cm y 170 millones en torno a un 1 mm circulan alrededor de la Tierra.

Estos pequeños objetos no "flotan" en el espacio sino que en realidad viajan a velocidades orbitales de hasta 56.000 km/h y su presencia supone un riesgo para misiones actuales y futuras. "Su crecimiento ha entrado en una preocupante tendencia de aumento exponencial", advirtió la semana pasada Holger Krag, responsable de la Oficina de Basuras Espaciales de la Agencia Espacial Europea (ESA), durante una conferencia en Darmstadt, Alemania. Según Krag, los satélites de la ESA se ven obligados a maniobrar para evitar colisiones una o dos veces cada año y los puestos de monitorización registran varias alertas semanales. "Se ha convertido en la norma", señaló.

El aumento de basura espacial afecta particularmente a la órbita baja del planeta. Esta capa acoge tal cantidad de chatarra que algunos científicos temen la aparición del llamado síndrome de Kessler, una teoría enunciada en los años 70 por un astrofísico de la NASA que explica cómo colisiones provocadas por basura espacial generan nuevos fragmentos que, a su vez, crean una cadena de accidentes. "Es un problema global y debería ser de interés global mantener nuestras órbitas limpias", añadió Rolf Densing, director de Operaciones de la Agencia.

En los últimos años la Estación Espacial Internacional (ISS) también ha experimentado un aumento en el número de maniobras evasivas. En el caso de la ISS la alerta de colisión necesita ser notificada con, al menos, 24 horas de antelación, de lo contrario no es posible evitar el choque. El astronauta francés Thomas Pesquet, que participó en las conferencias a través de un enlace por satélite desde la estación, describió el protocolo que se activa en caso de colisión. La tripulación debe cerrar todas las escotillas que conectan los distintos módulos y luego esperar en la nave Soyuz, "preparados para realizar una evacuación de emergencia si fuera necesario". Este procedimiento se ha activado cuatro veces en los 19 años de historia de la ISS. La última fue en julio de 2015, cuando la tripulación recibió la alarma con sólo 90 minutos de advertencia.

Aumento del tráfico espacial
Por otro lado, la llegada de satélites pequeños y baratos como los CubeSat puede contribuir significativamente a aumentar el tráfico espacial en los próximos años. Además, grandes compañías como One Web, Boeing, SpaceX y Samsung proyectan crear constelaciones de satélites para mejorar el acceso a Internet en todo el mundo. Como medida de prevención, actualmente se exige que los nuevos lanzamientos tengan un plan para que los satélites regresen a la Tierra al final de su vida útil.

El problema es que en ya 2005 un estudio de la NASA señaló que, incluso si no hubiera nuevos lanzamientos, las colisiones entre los satélites existentes incrementarían la cantidad de basura a un ritmo superior al que regresa a la atmósfera. Y este trabajo es anterior a la destrucción accidental del satélite chino Fengyun en 2007 y a la colisión entre Cosmos 2251 e Iridium 33 en 2009, hechos que aumentaron en casi un tercio el número de objetos en órbita.

Soluciones
A lo largo de los años se han propuesto muchos métodos diferentes para abordar el problema, incluyendo láseres, cables de arrastre y redes. Durante las conferencias, los expertos de la ESA lamentaron la cancelación del proyecto e.deorbit, que, de momento, no ha conseguido la financiación de las instituciones europeas. No obstante, la Comisión sí ha apoyado otro proyecto liderado por expertos de la Universidad de Surrey. Bautizado como RemoveDebris, debería lanzarse este 2017 y sus creadores lo han equipado un conjunto de sistemas que incluyen redes, velas y arpones, con los que esperan recuperar hasta 7.000 toneladas de basura espacial, principalmente grandes objetos.

Japón, por su parte, incorporó un sistema con una correa electrodinámica de 700 metros a su nave de carga Kounotori 6, uno de los vehículos que abastecen la ISS. En su viaje de regreso a la Tierra, efectuado el pasado febrero, la nave debía desplegar el cable para arrastrar basura espacial en su reentrada a la atmósfera, pero el experimento no pudo llevarse a buen término. Otra empresa japonesa, Astroscale, planea lanzar un satélite, el ELSA-1, que atrapará con adhesivo pequeñas piezas de chatarra para devolverla a la Tierra.

Fuente: elmundo.es
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