Internacionales - 15.08.2017

Polémica por el neologismo turismofobia

España discute el termino y sus consecuencias en el turismo en su país.
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Polémica por el neologismo turismofobia
El término que ha puesto del revés el verano ya ha sido declarado por la Fundeu como un "neologismo válido"
"No existe base que sustente una fobia al turismo o los turistas en la literatura psicológica", dicen los expertos

Cuenta el escritor italiano Fabrizio Andreella que, "en el veneciano Palacio de Van Axel, en una pared del patio, escondido a ojos turísticos, un pálido bajorrelieve muestra un navío cargado de mercancía y amenazado por un mar borrascoso donde se lee: Navigare necesse est, vivere non necesse. Navegar es necesario, vivir no lo es". La vida valiente, antaño, era la vida arriesgada y viajar formaba parte del periplo, valga la redundancia.

Hoy, prosigue Andreella, estamos acostumbrados a que "viajen nuestras intenciones y no nuestros cuerpos" y, como "vivimos gran parte del día encerrados en cubículos", necesitamos sucedáneos, "ilusiones extáticas: medios de entretenimiento, fanatismo sexual, química farmacéutica y vacaciones exóticas". Es en este contexto en el que aterriza el término que ha puesto este verano del revés: turismofobia. Sin cursivas, sin comillas; en redonda.

Porque esta misma semana la Fundación del Español Urgente (Fundeu) lo ha declarado un "neologismo válido". "Esta voz es un derivado bien formado a partir del sustantivo turismo y elemento compositivo fobia, que significa 'aversión' o 'rechazo', por lo que, aunque no figure como tal en el Diccionario no es necesario escribirla con ningún tipo de resalte", añaden desde Fundeu. Es más, el Gobierno lo empleó así, como la Fundeu dicta, en una nota de prensa difundida el jueves desde el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital en la que se instaba a la Abogacía del Estado a que "actúe en defensa del turismo".

Pero, ¿se puede considerar realmente una fobia? Dice el psicólogo Sergio García Soriano, especialista en clínica, que "no existe una base empírica en la literatura psicológica que sustente que existe una fobia al turismo o a los turistas". "No podemos hablar de una turismofobia como tal", matiza.

Desde un ángulo más laxo, este profesional de la psicología reconoce que "algo está sucediendo, que existen grupos de personas que manifiestan un rechazo a la novedad y quieren cuidar su entorno de una manera más sostenible". Y dice más: "Cuando uno ve ganar a los demás y él no gana nada... afecta. Pero los barrios siempre cambian y querer que el tuyo sea igual que cuando naciste es ser intolerante. El problema es que sube el nivel de vida y, lógicamente, se produce el rechazo", amplía.

Desde ese lado de la trinchera habla el barcelonés Daniel Pardo, miembro de la Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible (ABTS) y para quien la elección del término turismofobia no tiene nada de inocente. "Es un término criminalizador que apunta a otras fobias, especialmente a la xenofobia, basándose en la falacia de que nuestra lucha consiste en rechazar a los de fuera. Falso. No es fobia porque no es miedo. El rechazo es a un modelo extractivo y socialmente demoledor, productor masivo de injusticia social", sostiene.

Se alinea con el escritor Santiago Alba Rico quien, en su reciente libro Ser o no ser (un cuerpo), se preguntaba "adónde va corriendo ese hombre, adónde va toda esa gente, cada vez más deprisa, cada vez en un medio más veloz. Están huyendo de su cuerpo", sostenía. Sobre esta huida generalizada que termina en debate y presunta fobia expresó "Turismo e inmigración son fugas corporales que se cruzan. Una es bienvenida, otra espoleada y el de este verano es un falso debate porque evitamos plantearnos la cuestión de fondo, que existe un turismo exacerbado que interviene en contra de los territorios. Si hay turismofobia, entonces también habría turismofilia, y filias y fobias se alivian en el mismo campo: la crítica", aduce.

Así, Pardo defiende que "su lucha es la defensa de un territorio, urbano en este caso, pero parecida a la que puede darse en espacios rurales ante otras industrias extractivas socialmente injustas como la minería". Y enumera coincidencias: "Monocultivo económico, explotación del territorio y los trabajadores, desposesión, desplazamiento de población, debilitamiento del tejido social y comunitario, aumento del individualismo, corrupción y trapicheo tanto en el sector privado como en el público...".

Para otro barcelonés, el periodista cultural Víctor Parkas, el termino turismofobia responde a la misma lógica que la palabra feminazi, y así lo escribió en la revista Playground a principios de mes. "Son terminologías que sólo usa el agresor, emparentadas en tanto que cortina de humo. Hay que dejar de usar esta palabra porque da cobertura ideológica a quienes especulan con la vida de los vecinos", explica.

Aún queda verano, ergo aún queda debate. Desde la Organización Mundial del Turismo, Taleb Rifai, su presidente en España, dice que "Naciones Unidas declaró 2017 como Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, momento para recordar que a un mayor crecimiento le sigue una mayor responsabilidad de asegurarse que contribuye a la sostenibilidad, sin olvidar que lo más importante es siempre el respeto hacia el otro".

Fuente: elmundo.es
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