
Prof. Jorge Villanova
Profesor de Historia e integrante de la Junta Americana por los Pueblos Libres
El 29 de Junio de 1815 reunidos en el “Congreso de los Pueblos Libres” o “Congreso de Oriente, los diputados artiguistas reunidos en Concepción del Uruguay, declararon la independencia de estas colonias de España, de los Borbones y de todo poder extranjero.
Es una fecha que no debería existir, como tampoco el 9 de julio de 1816. Si ambos congresos existieron fue simplemente por necedad, por intereses económicos y por especulaciones políticas por parte de Buenos Aires.
Tal vez el día que deberíamos celebrar fuese el 1º de junio de 1813, cuando la Asamblea constituida ese año, y en sesión secreta con el voto de la mayoría alvearista rechazó la incorporación de los diputados orientales. ¿Qué instrucciones traían estos para motivar su rechazo? La 1ª en orden e importancia era la declaración de la Independencia. Las siguientes hablaban de libertad, federación, autonomía y comercio con iguales derechos entre las provincias. Inaceptable desde todo punto de vista por la ciudad mercantil.
Pero no fue así, la independencia no se aprobó en 1813 y la ruptura entre Buenos Aires y Artigas llegó al punto de declarar traidor al jefe oriental y ponerle precio a su cabeza.
“El Gran Desorganizador” al decir de Mitre, no tuvo otra alternativa que encargarse él mismo de “la organización política de los Pueblos Libres, el comercio interprovincial y con el extranjero; el papel de las comunidades indígenas en la economía de la confederación, la política agraria y la posibilidad de extender la Confederación al resto del ex-Virreinato».
Eso fue el Congreso de Oriente, el germen del federalismo y la democracia. Y si no pudo consolidarse en es momento, fue por la oposición manifiesta de la ciudad comercial, que no dudó, viendo que esas ideas se diseminaban por las provincias interiores y que Artigas no aceptaba la separación de la Banda Oriental como país autónomo, en convocar a Inglaterra primero y a Portugal después para que se hagan cargo del Protector.
Le tocó en suerte a nuestra ciudad, un puñado de ranchos, recibir a los diputados que votaron por la libertad de la Nación aquel 29 de junio. Desde entonces esa fecha ha sido ignorada o disminuida en su importancia, podríamos compararla con aquella revolución del 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca. No existen, no nos pertenecen, son fechas peligrosas para la historia concebida desde la capital.
Nosotros mismos, en la provincia federal por antonomasia no recordamos ese Congreso. La derrota política y económica de Artigas fue también una derrota cultural, ante los Rivadavia y los Mitre y, la historia que ellos concibieron, con su visión portuaria, centralista, unitaria, que respondía a sus propios intereses y su propia justificación histórica, fue acatada y aceptada por nuestros dirigentes provincianos.
Hoy, a 195 años, a cinco de celebrar el bicentenario de este hecho trascendente, si pretendemos romper con la dependencia económica y política tenemos que empezar por la batalla cultural. Recuperar el Congreso de Oriente como fecha insigne de nuestra identidad, de nuestro génesis federal, de nuestras aspiraciones por una democracia más completa e inclusiva, tal la concibió Artigas, será el primer paso. Sus palabras señalan el camino: “Nada debemos esperar sino de nosotros mismos”.






