Internacionales - 27.03.2018

El astronauta de la sonrisa luminosa

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El astronauta de la sonrisa luminosa
Se cumplen 50 años de la muerte del cosmonauta soviético, que se convirtió en 1961 en el primer hombre en completar una órbita a la TierraKorolev quería haber equipado el Vostok con un sistema de cohetes que suavizase el choque contra el suelo pero no dio tiempo de ponerlo a punto. Gagarin tendría que saltar de la cápsula mediante el asiento eyectable al llegar a los 5.000 metros de altura. Es lo que hizo, yendo a aterrizar en medio de un campo de cultivo, ante la mirada asombrada de un granjero y su hija. Ellos fueron los primeros en encontrarse cara a cara con un viajero venido del espacio.

Durante muchos años, la URSS ocultó el hecho de que Gagarin hubiese saltado en paracaídas, por un motivo casi burocrático: la homologación de los récords incontestables de altura y velocidad. Pero las normas de la Federación Aeronáutica Internacional exigían que el piloto despegase y aterrizase dentro de su nave. No fue sino hasta diez años más tarde cuando se reconocieron las circunstancias reales del vuelo. Y, de paso, se corrigió otro detalle: Se había dado como lugar de despegue Baikonur cuando el centro de lanzamiento estaba en Tyuratam, 300 kilómetros más al oeste. Una simple medida de precaución para mantener secreta la situación de la base.

Gagarin no volvió a volar al espacio, en especial, tras haber sido asignado como reserva en el vuelo del primer Soyuz, que acabó en desastre con la pérdida del piloto Vladimir Komarov. Era demasiado valioso como símbolo. Sí se le permitió seguir pilotando aviones. Así fue como aquella mañana, con cielo muy cubierto, despegó en un MiG-15 como parte del programa para revalidar su licencia. El aparato, un biplaza de entrenamiento, era un diseño que se remontaba a la guerra de Corea, no especialmente nuevo ni potente.

Corrieron muchas versiones sobre la causa del accidente. Se habló las malas condiciones meteorológicas, del impacto con un ave o de que el avión había intentado maniobras acrobáticas a pesar de ir equipado con depósitos alares de combustible. O que Gagarin y su acompañante se habían distraído persiguiendo un rebaño de ciervos. O que habían sufrido una desmayo por falta de oxígeno debido a una válvula de la carlinga que accidentalmente había quedado abierta. O que habían perdido el control del avión al intentar un descenso rápido para recuperarse de la pérdida de presión. Incluso se sugirió un último rasgo de heroísmo en Gagarin quien habría conseguido desviar la trayectoria al darse cuenta de que iban a caer sobre un área habitada.

La versión oficial, según documentos desclasificados 43 años más tarde, atribuía el accidente a una maniobra brusca, quizá para evadir un globo meteorológico o simplemente creyendo que el techo de la espesa capa de nubes estaba más alto. Por lo visto, también los informes meteorológicos eran erróneos en ese sentido. Pero para entonces, Alexei Leonov, otro de los cosmonautas históricos, ya había hecho pública la verdadera naturaleza del “globo sonda”. Y se trataba de un testigo de excepción, tanto por su historial –primer astronauta en realizar un paseo espacial y candidato a ser el primer ruso en la Luna- como por el hecho de encontrarse en el teatro del accidente.

Según Leonov, el otro vehículo era un prototipo del nuevo interceptor supersónico Sukhoi Su-15, que estaba volando por la misma zona, a muy baja cota; algo inconcebible puesto que debería hacerlo por encima de los 10.000 metros. Con las malas condiciones de visibilidad, los pilotos no se apercibieron de la presencia del otro avión y pasaron a poquísima distancia uno de otro, quizás a menos de quince metros. La onda de choque generada por el Su-15 y el rebufo de su escape desestabilizó al MiG, enviándolo a una pérdida de sustentación de la que ya no pudo recuperarse. Fue el 27 de marzo de 1968.

Fuente: elpais.es


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