Entrevista a Alejandra Morzán - 16.06.2020

Alejandra Morzán, en primera persona

Estudiante, militante y profesora en Ciencias de la Educación, poniendo el cuerpo a cada una de esas experiencias.
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Alejandra Morzán, en primera persona
Es profesora en Ciencias de la Educación en la Facultad de Ciencias de la Educación y cursó sus estudios en tiempos de la dictadura. Desde aquella vivencia estudiantil hasta la militancia por una formación y una práctica docente que no se escinda del cuerpo, la experiencia de Alejandra Morzán, en primera persona.

Alejandra Morzán es oriunda de Avellaneda, una localidad del norte de Santa Fe, y estudió Ciencias de la Educación en la FCEDU entre 1978 y 1983.

“Obtuve mi título en abril del 84, es decir que, como se puede notar, cursé prácticamente toda la carrera durante la dictadura, con todo lo que esto implica. Fui construyendo mi oficio de estudiante con compañeros y compañeras, fue prácticamente mi otra formación durante la carrera. Son vínculos que sostengo hasta hoy. Nos encontrábamos con nuestras preguntas, nuestras inquietudes, deseos, con otras lecturas y esa formación acompañó, a manera de contraste a la otra y fue muy importante. Allí pronunciábamos las palabras prohibidas, las problemáticas que no se podían abordar en las aulas, las preguntas que no se podían hacer”, relata Alejandra, como carta de presentación.

En el 82 por fin comenzaron las incipientes actividades con el centro de estudiantes y Alejandra se sumó a militar. “En el 83 se produjo el recambio de, prácticamente, la totalidad de los profesores. También haberme encontrado teniendo compañeros y compañeras que habían quedado cesantes, que habían estado presos o que habían estados exiliados. O que porque habían colocado un kiosco o una librería en esos tiempos, no habían podido continuar sus carreras… haberme encontrado esto en los últimos años de mi formación fue muy importante”, vuelve a remarcar.

Una anécdota –le dice Alejandra y la introduce a continuación–: “Me enteré de que existía un tal Paulo Freire en el 83, en el quinto año de la carrera. Las palabras analfabetismo, pobreza, injusticia y Latinoamérica y todas las que uno se pueda imaginar, eran palabras prohibidas”.

Esa función de estudio propio, que fueron gestando entre compañeras y compañeros, dice que, de alguna manera, la acompañó siempre: “En lo que se refiere a mi formación posterior podemos decir que hay un fuerte componente de autodidactismo. Hice cursos de posgrado, sí, y muchísimas otras instancias de capacitación que fui eligiendo en torno a lo que me inquietaba, a mis afanes. Iba eligiendo en qué iba a ir capacitándome y con muchísimas lecturas y búsquedas propias, que al decir propias no son individuales: siempre fueron en dialogo con amigas, con amigos, con colegas”.

Hay muchos estudios e investigaciones que confirman la importancia de partenaires, de acompañamiento en el trayecto de formación: “Esto yo lo viví en carne propia. Si me sostuve en la Facultad, en esos difíciles tiempos, fue por esto”.


Inicios en un mundo laboral fundacional

Al recibirse, ingresó a una escuela secundaria de San Lorenzo, cerca de Rosario. “Allí empezó mi vida laboral. También trabajé en una universidad privada durante ese año. En el 86 ya me fui a vivir y a trabajar como docente en Formosa”. Y esa fue la experiencia que resalta como fundacional: “Trabajé en una escuela que estaba situada en un pueblo, una zona rural, en contexto de plurilingüismo. Se hablaba básicamente el guaraní en las familias. La realidad del monte, la ruralidad y el plurilingüismo me conectó con algunas vivencias de mi infancia”.

En Formosa también empezó a trabajar en la carrera de Ciencias de la Educación de un instituto en la ciudad de Pirané, “que quedaba cercana al pueblo donde yo vivía”. “Cuando comencé a trabajar en formación docente, me di cuenta de que tenía que volver a estudiar. Lo que le agradezco a la Facultad, a pesar de todos los pesares, es la filosofía y algunas obras de literatura. Nosotros fuimos a la fuente, no es menor haber leído a Kant, Descartes, no leer sobre Aristóteles o Sartre o sobre Heidegger, sino haberlos leído a ellos. Entonces cuando empecé a trabajar en formación docente, si bien en muchas cuestiones tuve que volver a estudiar, el haber ido a la fuente me dio como una matriz muy importante que me permitió actualizarme, diría, sin grandes dificultades”.

Otra anécdota: cuando comenzó en la FCEDU, Alejandra venía de estudiar otra carrera en Santa Fe, donde a pesar de la dictadura, había leído muchísimas obras de Piaget. “Cuando llegué a la Facultad de Paraná, nada más ni nada menos que Piaget y Freud estaban prohibidos, así es que se imaginan lo que era la formación en psicología en ese momento“.

En los siete años en Formosa estuvo autoformándose: “Fueron años muy fuertes, muy importantes: como entrar a un territorio desafiante y como conciencia de la necesidad de que tenía en cuenta la realidad plurilinguística y pluricultural, o no podía enseñar. Esto marcó fuertemente mi inicio en la trayectoria laboral”.

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