Internacionales - 05.07.2018

Un Robinson Crusoe moderno

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Un Robinson Crusoe moderno
El paradero exacto de Masafumi Nagasaki, una especie de Robinson Crusoe que vivió 29 años solo y desnudo en la isla de Sotobanari hasta que las autoridades japonesas lo obligaron a salir hace un par de meses, es un misterio para quien no vive en la paradisiaca zona situada en Okinawa, a unos 2.000 kilómetros al suroeste de Tokio.

Nagasaki, de 82 años y fotógrafo de profesión, decidió en 1989 dejar atrás su pasado y se propuso pasar el resto de sus días en una isla que los pescadores de la zona rara vez visitaban. Un día un tifón arrasó todas sus pertenencias, incluida su ropa, y desde entonces se dio cuenta de que ir vestido era innecesario. Los escasos visitantes que tuvo lo bautizaron el “ermitaño nudista” o lo compararon a un Robinson Crusoe en versión nipona.

Pero las semejanzas de Nagasaki con el náufrago creado por Daniel Defoe en 1719, que a lo largo de 28 años sobrevive cazando y cultivando en una remota isla del Caribe, empiezan y terminan con el hábitat y la duración de su aventura.

La menos exigente rutina de Nagasaki en su isla incluía pasar la noche en un rudimentario campamento, hacer gimnasia y mantener limpia la playa. Medía rigurosamente el tiempo con un reloj de pulso que mantenía colgado de un árbol y viajaba a una isla cercana a comprar provisiones con un estipendio de 80 dólares mensuales (69 euros) que le donaba su hermana.

El occidental que más se acercó, y tal vez el único que conoce la actual residencia de Nagasaki, es Álvaro Cerezo, explorador y empresario turístico malagueño que ofrece a sus clientes la que puede ser la experiencia más auténtica del ecoturismo: vivir como el superviviente de un naufragio en una isla solitaria.
Cerezo, fundador de la agencia de viajes Docastaway, con sede comercial en Hong Kong, también busca náufragos reales o voluntarios por el mundo y en 2014 convivió una semana con el excéntrico japonés y grabó su visita en vídeo. Como mantener en secreto sus localizaciones para evitar el turismo masivo es la base de su negocio, Cerezo solo publicó el vídeo hasta hace unos días, afirma vía telefónica.

Nagasaki aparece en el vídeo como un anciano de cuerpo fibroso tostado por el sol que camina, nada y se sienta desnudo con el desparpajo de un aborigen. El indígena imaginario manifiesta su desconfianza hacia los visitantes por ser potenciales portadores de virus peligrosos para él.

Aunque su filosofía de vida tiene ecos sintoístas –explica que dejó de pescar por respeto a la naturaleza y desearía no tener que matar los molestos mosquitos–, afirma que la isla lo transformó y hoy considera que los “peores males de la civilización son la religión y el dinero”.

La única vez que se sintió algo cercano a la tristeza fue cuando vio un pájaro muerto y su ideal es morir solo en la isla, sin molestar a nadie. Reacio a casi toda la tecnología no usa pantallas y el único invento sin el cual no podría vivir, asegura, es el encendedor.

Según algunos blogs japoneses, Sotobanari era propiedad de una fallecida pareja taiwanesa cuyos herederos, tras ver un reportaje sobre el inofensivo intruso, pidieron a las autoridades expulsarlo. Otras fuentes aseguran que el desalojo se produjo por razones humanitarias ya que el Robinson Crusoe japonés se encontraba muy débil y estaría hospitalizado o en otra isla.

Para Cerezo, el desahucio se produjo después de que un programa de la televisión japonesa estilo reality emitiera un episodio frivolizando la experiencia de Nagasaki. Por temor a que la zona se llenara de programas similares o turistas, los vecinos de las islas le pidieron a Nagasaki cambiar de lugar. Actualmente, al parecer, ha retomado su estilo de vida en otra playa para cumplir su sueño de morir en paradisíaca soledad.

Fuente: elpais.com
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