Cultura - 08.02.2019

Poesía santafesina

Cande Rivero es una incansable trabajadora de la cultura y como poeta ha publicado un nuevo libro.
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Poesía santafesina
Compartimos la reseña del poeta Diego Suárez.

Poesía que habla a los ojos
Azuralia, de Candelaria Rivero
(Santa Fe: Ediciones Jardín de Luz, 2018)

A la entrada del reciente libro de la poeta, fotógrafa, coreógrafa y gestora cultural santafesina Candelaria Rivero (Santa Fe, 1984) figura la siguiente declaración: “Azuralia: Bien podría ser una flor, un país o una dimensión desconocida. Siéntase libre de otorgarle significado en el transcurrir de la lectura.”


Es, sin dudas, un recibimiento generoso que nos habilita, al abrir el libro, a abrir el juego; un juego destinado a movilizar nuestra sensibilidad por medio de la danza verbal: “Podría comenzar como un desmembramiento del ser/ como hilos tendidos hacia la nada y a favor del viento,/ como una piel que se abre sin esperar algo a cambio.” Ese “podría” condicional cultiva un sinfín de perspectivas que florecen en forma de comparaciones y empiezan a multiplicarse hasta ser envolventes y vastas como un bosque: “una única dimensión iluminada”.

Aunque resulte extraño –si bien todo y nada es extraño en el mundo de la poesía–, alguien que nos brinda una clave para entrar en los juegos de Azuralia es Macedonio Fernández: “La vida es todo-posibilidad; no hay carácter, acto ni suceso material que no sea tan posible como cualquier otro, y la socorrida ‘congruencia’ de carácter, ‘verosimilitud’ de acto o suceso, desesperado argumento para defender el realismo (…), son cosas que nunca existieron en la vida y menos pudieron percibirse a través de lo escrito” (“Para una teoría del Arte”). A ese realismo –que actualmente parece latir en algunas poéticas bajo la forma de un testimonialismo versificado– Macedonio contrapone una “Poemática del Pensar”, que intenta “la transcripción de lo que pasa en la conciencia en los momentos en que acepta emocionalmente un modo doloroso del darse real (…). Artista es el que transmite de algún modo esos momentos concienciales, describe, historia un momento de aceptación de la contingencia no antes querida por el alma.” (“Poema de Poesía del Pensar”). Tal vez por la impronta de este carácter “conciencial”, el tono que hilvana los trece poemas de Azuralia nos remite a una voz interior despojada de cualquier afán declamatorio: “(…) lo que yo siento es que al mundo le faltan palabras/ o le sobra silencio/ o le falta y le sobra a veces el sentido/ (…) prefiero no hablar/ abrir una lata de atún/ subir las escaleras/ poner Janis Joplin y andar por la casa descalza/ sabiendo que llegué tarde/ que ya todo fue nombrado/ que bastará con mirarnos para reconocernos.” De esta manera, cada palabra, cada verso, parece hablar mirándonos a los ojos. Más que para ser leído, éste termina siendo un libro que se abre “como una piel” para una lectura mutua y cordial, “sin esperar algo a cambio”, ya que si algo debe ser desinteresado en este infierno, ese algo debe ser la poesía.

Diego E. Suárez
Santo Tomé, 16 de diciembre de 2018
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