Coronavirus - 16.03.2020

El Coronavirus y su impacto en la economía

Ante la pandemia del COVID-19, el docente e investigador Claudio Coronel reflexiona sobre las consecuencias en los mercados
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El Coronavirus y su impacto en la economía

Claudio Coronel es docente investigador de la Facultad de Ciencias Económicas de nuestra Universidad y maestrando en Desarrollo Económico. Como experto, lo consultamos respecto al COVID-19 y su impacto en la economía nacional y mundial.

Para comenzar el análisis, Coronel explicó: “La economía es y será siempre una ciencia social, ya que, en última instancia y a pesar de los esfuerzos por realizar formalizaciones lógicas, estudia al hombre y su comportamiento”. Este comportamiento “se encuentra influenciado por un conjunto innumerable de factores que, ni siquiera, afectan a todos por igual. Sin embargo, a nivel agregado, trazan algunas líneas que, en general, permiten descifrar hacia donde dirigirá sus acciones ante cambios en estos estímulos”. Ante la amenaza de una propagación del virus COVID-19 relativamente nuevo desde el sentido de la inmunización y las vacunas “resulta un factor que reduce la previsibilidad de los hechos futuros, generando una incertidumbre que, sin lugar a dudas, afecta a las decisiones que toman las personas y, con ellas, los mercados”.

“Semanas atrás nos encontrábamos –añade- con la caída de las principales bolsas del mundo, del precio del petróleo y de los commodities, claros mensajeros de lo que los inversores estaban pensando acerca del devenir económico mundial. Ahora bien, la pregunta sería ¿Por qué ocurrió esto?”.

Para responder, el docente investigador comentó: “China es la segunda economía del mundo. Su importancia no radica únicamente en su nivel de producción, sino que también, en su comercio mundial; por lo que en el sentido de lo que a demanda mundial representa, que esta crezca más rápido o más lento, sin lugar a dudas, tiene su correlato en términos del crecimiento mundial”.

“La rápida propagación del COVID-19 en China y las medidas adoptadas al respecto –continuó-, generaron preocupación en los mercados mundiales, quienes comenzaron a descontar que el crecimiento de este país probablemente sería menor a lo previsto, impactando en el resto de las economías mundiales y, sobretodo, a los exportadores de materias primas e insumos, como América Latina y los integrantes de la OPEP+, dado que si hay menor producción, se demandará menor energía y, como la producción implica riqueza, a menor riqueza, menor demanda de alimentos”.

Por eso, “debe tenerse presente que a medida que China crece, incluye cada vez a más personas con capacidad de hacer turismo internacional, lo que representa una forma de exportación de servicios de otros países, moviendo miles de millones de dólares que se traducen en mayor actividad económica. En este sentido, el resto del mundo vería afectado su nivel de ingresos por dos vías, la del turismo y la de los bienes”.

 

La segunda vuelta: el impacto sobre el turismo mundial y el petróleo

La propagación rápida del virus en el resto de Asia, Europa y Estados Unidos, “tiene su correlato también en los términos de una menor actividad de producción de bienes y servicios, pero ya no solo por el factor externo que representa la desaceleración del crecimiento chino, sino porque la actividad interna propia disminuiría, así como en el caso del país asiático”.

“Una menor circulación de personas, ya sea por temor o por disposiciones oficiales, reduce la actividad económica y si hay menor actividad económica, habrá menor generación de riqueza, lo que forma un círculo recesivo que puede llegar reducir aún más la actividad económica con un fuerte impacto en horizontes de tiempo más extensos”, indica el docente.

A su vez, “con expectativas negativas acerca del crecimiento mundial y de la menor circulación de personas, el precio del petróleo sufrió importantes pérdidas que, sumadas a un desacuerdo en el seno de la propia OPEP+, alimentó una mayor inestabilidad que pone en jaque, al menos en el corto plazo, la producción de petróleo no convencional, como es el caso de Vaca Muerta en la Argentina”, ilustró.

 

La Argentina: entre la crisis propia y la internacional

En lo que respecta a Argentina, actualmente “se encuentra en un contexto extremadamente complejo. Cabe recordar que el país viene de muchos años de estancamiento económico que, en los años recientes, devino en una recesión con inflación, pérdida del salario real y aumento de la pobreza, a la vez que el endeudamiento externo se incrementó de forma importante sin un correlato positivo en la economía real. Este nivel de endeudamiento que se intenta reestructurar, condiciona la sustentabilidad macroeconómica del país y resulta un eje central del plan económico que el gobierno tiene en carpeta”.

Sin embargo, “esta negociación depende mucho de las capacidades que el país muestre para crecer y generar las divisas necesarias para su repago en tiempo y forma, con nuevas condiciones, obviamente, las cuales, por el contexto antes descripto se vuelven difusas y podrían empantanar las negociaciones”, sostuvo, aunque aclaró: “No es momento de hacer afirmaciones categóricas, siendo que el gobierno cuenta con varias cartas que aún no parece haber mostrado”.

En lo interno, “es lógico que las exportaciones de la Argentina podrían verse resentidas hasta que la economía mundial muestre un sendero de crecimiento y estabilidad, por lo que este motor de crecimiento empujaría menos de lo esperado. Ahora bien, existen factores más bien locales que hay que tomar en consideración”, expresó.

Y agregó: “El pánico de las personas, como primera reacción en forma de compras compulsivas, genera tensiones en el mercado que, en general, se traducen en incrementos de precios y mayor inestabilidad. Esto se retroalimenta con la sensación de desabastecimiento el cual, en estos momentos, no tendría por qué ocurrir, atento a que la producción no se ha detenido”.

“La segunda respuesta y, quizás la más probable e inevitable, tiene que ver con una menor circulación y consumo por parte de las personas en shoppings, restaurantes, cines, teatros, etc., tanto a nivel local como del turismo interno, fundados en una primera instancia, por el temor al contagio y en segunda, por las medidas que el gobierno implemente para evitar la propagación del virus”, precisó.

Del lado de la oferta, podría depender de dos cosas: “Por un lado, de cómo las empresas perciban la crisis, ya que, si sus expectativas son más bien de una caída de la actividad de corto plazo, probablemente la producción no se vea tan resentida, de lo contrario, habrá que esperar mayores pérdidas. Este análisis deja de lado a los servicios antes mencionados que, seguramente, sean los más afectados porque su demanda es mucho más directa y de consumo inmediato”, especificó.

La segunda cuestión en juego, del lado de la oferta, “tiene que ver con las medidas que se tomen respecto de los trabajadores. En efecto, si las disposiciones de las empresas (que dependen que cómo perciban la crisis y de sus stocks) y del gobierno, reducen su participación en el proceso productivo y esto disminuye la producción, sin lugar a dudas, estaremos frente a pérdidas”, anticipó el investigador.

“La cuantificación de las pérdidas por este tipo de medidas, a mi juicio, no tienen mucho sentido, ya que el ejercicio de su determinación es cuestionable. Sin embargo, habría que destacar que una proliferación mayor del virus o una percepción por parte de las empresas y las personas negativa acerca de la capacidad del gobierno de contener la amenaza, redundaría en una crisis más profunda y la recuperación de esta podría ser más costosa”, opina.

Como conclusión, Coronel manifestó: “Resulta imperioso que los gobiernos del mundo, así como el de Argentina, tomen medidas activas desde el punto de vista económico, así como tendientes a controlar el virus. El primero, en el sentido de efectuar incentivos fiscales y monetarios que actúen de amortiguador, permitiendo que la actividad económica se resienta lo menos posible y retorne a un sendero de crecimiento lo más rápido posible”.

Además, “el descontrol social y la incertidumbre son enemigos naturales de la actividad económica”, considera.

Finalmente, “cuando aún parece un buen momento para efectuar políticas económicas activas en la Argentina —en línea como lo que se está poniendo en marcha en el mundo—, debe tenerse especial atención que esto no se traduzca en un incremento de las importaciones, ante un contexto donde las exportaciones pueden crecer mucho más lento de lo esperado”.

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