Coronavirus - 16.04.2020

La estadística como herramienta para la toma de decisiones

Pronósticos, advertencias y recomendaciones que marcan las pautas de acción frente al COVID-19.
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La estadística como herramienta para la toma de decisiones
La estadística como herramienta para la toma de decisiones
Si bien la pandemia del COVID-19 es una sola, está a la vista que las consecuencias varían sustancialmente a nivel global. La atención a los pronósticos de la ciencia como herramienta de intervención política es un factor determinante. “Estadísticas certeras y oportunas permiten la toma de decisiones, también oportunas y certeras”, sostiene Elisa Sarrot, coordinadora académica de la Especialización en Metodología de la Investigación en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNER.

Las referencias al aumento o disminución de casos, o la expresión aplanar la curva, van señalando la evolución de la pandemia en distintas regiones y hoy cobran protagonismo en los medios de comunicación. En el plano político esos números y gráficos influyen en la toma (o no) de medidas de prevención para la sociedad. En Argentina “las decisiones se van tomando día a día, pero a la vez se va haciendo una evaluación procesual en tiempos cortos de cómo van resultando las medidas tomadas a partir de las estadísticas, como el aislamiento social obligatorio y preventivo. Es decir, medido el éxito del aislamiento para el achatamiento de la curva se decide, hasta la época en la que se espera el mayor pico de recrudecimiento de la pandemia, continuar con las medidas que por las estadísticas se ven exitosas”, detalla Sarrot.

Prioridades y metas políticas

En este contexto la respuesta a la pregunta ¿economía o salud? es tan clara como definitoria para los distintos gobiernos. “Las medidas sanitarias atacan la supervivencia de la economía, pero en el orden de prioridades indudablemente una visión humana de la política debe priorizar la salud. Lo demás puede ir trabajándose con medidas de emergencia y de recuperación, como ha sucedido con otras crisis”, opina Sarrot y propone un análisis comparativo: “El caso de Estados Unidos demuestra que la incoherencia entre lo que las estadísticas van mostrando y las decisiones que se van tomando, son fundamentales para que se descontrole la situación de la pandemia. Con incoherencia me refiero, por ejemplo, a la misma imagen presidencial cuando anuncia novedades pero muestra conductas reñidas con lo que esas novedades indican hacer”, detalla. Por el contrario, indica que “en Argentina ha habido una coherencia entre la lectura de las estadísticas y las decisiones. Poco se puede diseñar políticas con tranquilidad desde un escritorio, en momento de desborde de la pandemia”.



La especialista hace un llamado de atención sobre el análisis de la situación en nuestro país: “Es cierto que la comparabilidad de las estadísticas está teñida de algunos sesgos. Podría estar pasando que el achatamiento de la curva, la tendencia a dejar la progresión geométrica para estar comportándose en una progresión más aritmética, tenga que ver con la ausencia de mayor cantidad de testeos. Eso se relaciona, por supuesto, con las pocas instituciones que están testeando”.

Políticas públicas, universidad y desarrollo científico

“El nexo ciencia-políticas públicas no es un tema nuevo. Indudablemente las decisiones políticas avaladas en informes científicos, pertinentes a las realidades de distintos países, son un factor de inteligencia en los Estados”, afirma Sarrot. Asimismo hace hincapié en que la ciencia y el abordaje interdisciplinario son necesarios porque “los políticos no pueden saber y manejar todos los temas”.

Para que todo esto se concrete, debe funcionar adecuadamente el triángulo propuesto por el físico y tecnólogo argentino Jorge Sábato, sostiene Sarrot: “En los tres vértices están la universidad, el Estado y la ciencia. Y esto nos lleva directamente a reflexionar sobre la importancia de la universidad y otras instituciones de investigación científica, en cuanto a su sostén desde las políticas públicas. Es como un ida y vuelta, la política pública debe fortalecer a la universidad y al desarrollo científico porque lo necesita; y las instituciones científicas deben trabajar temáticas que las políticas estén necesitando. Entre vértice y vértice de este triángulo debe haber una circulación fluída y óptima, lo cual no siempre se da”.

En Argentina dicho esquema se ve reflejado en la actualidad. “Considero que el trabajo del comité de expertos es fundamental. En nuestro país esto se está dando, es decir, no hay decisiones que se tomen solo desde los escritorios políticos, porque incluyen el insumo del debate con los expertos. Y eso hace que marchen en armonía las políticas con la urgencia de la situación, al menos. Si después en el largo plazo esta fluidez sigue dándose, en buena hora”, señala.



Para ejemplificar las tensiones que pueden darse en este ámbito, Sarrot se refiere a la ecología: “Hace rato la ciencia está gritando que el planeta necesita otro tipo de modalidades de producción no dañinas. Si bien en las normativas se incluyen artículos que tienen que ver con la defensa del ambiente, son pocas las políticas al respecto. Si seguimos con la postura de disloque entre lo que la ciencia grita a viva voz y lo que se decide, no nos va a ir bien. Esto del COVID-19 nos hace reflexionar mucho, es un sacudón, pensar que necesitamos cambiar de la noche a la mañana y de arriba hacia abajo las modalidades productivas, por ejemplo”. Otro factor que destaca como obstaculizador son los intereses del mercado: “También es importante hablar de una cuestión ética que impregna no sólo a la actividad científica sino también a la actividad política, sobre todo a esta última. Ambas tienen que ser independientes en el sentido de buscar lo mejor para el bienestar común y no lo que sea mejor para el bolsillo de los empresarios”.

Un llamado a la reflexión

A pesar de que las medidas tomadas por el Gobierno Nacional ante la pandemia tienen aval científico, hay quienes adoptan posturas escépticas cuyo argumento principal es que existen más víctimas por otras causas. Sarrot afirma que a esas críticas “no las desestimaría ni refutaría cabalmente, son un elemento para la reflexión. Sin dudas que en nuestro país tenemos otros problemas sanitarios como el dengue y el sarampión, y no han provocado una toma de decisiones a nivel macro social como sí lo está haciendo el COVID-19. Pero hay que tener en cuenta que la facilidad de contagio del COVID-19 no es la misma con respecto al dengue y al sarampión, por ejemplo, dado que para el dengue ya se venían tomando muchas medidas derivadas de políticas diseñadas para combatirlo. Y con respecto al sarampión, hace muchos años que en Argentina existe la vacunación obligatoria, no es un tema nuevo en el escenario ni produce semejante caos. En esta pandemia pueden morir millones de personas en poco tiempo contagiándose fácilmente, sólo por andar en la calle o ir al supermercado. Eso es lo que hace a la urgencia de la situación”.

Por último, la especialista sostiene que a esos llamados de atención sobre asuntos paralelos “Habría que tomarlos, no solo para reflexionar con respecto al sarampión y al dengue sino en relación a problemáticas sociales como la violencia doméstica, entre otras. Tal vez esto sea una oportunidad para poder operar con mayor eficacia en la prevención de ese tipo de problemas. Indudablemente debemos tomar estas cuestiones para seguirlas pensando y no demorar en políticas que sean efectivas”, concluye.
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